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Se inaugura escultura en honor a Dolores Díaz

En el Paseo de la Mujer Federal se erige la escultura en homenaje a Dolores Díaz “La Tigra”, que se inauguró el próximo martes 10 de abril, en coincidencia con el aniversario de la Batalla de Pozo de Vargas. La obra reivindica la lucha de la mujer contra las fuerzas unitarias.

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La obra fue encargada por la Secretaría de Cultura al escultor Juan García Guzmán, mientras que los trabajos para el emplazamiento, el diseño y ejecución de la plaza, estuvieron a cargo del Ministerio de Infraestructura.

¿Quién fue la Tigra?

En los días previos a la batalla de Pozo de Vargas del 10 abril de 1867, sostenida entre las fuerzas del Ejército Nacional enviadas a La Rioja por el gobierno de Bartolomé Mitre y encabezadas por el  general santiagueño Antonino Taboada y las fuerzas irregulares dirigidas por el caudillo federal Felipe Varela, una mujer agitaba a los pobladores incitándolos a que se unan y apoyen al ejército montonero. El nombre de esta mujer era Dolores Díaz y la apodaban “La Tigra”.

Después de la histórica batalla fue tomada prisionera y trasladada a una de las más crueles prisiones de la provincia santiagueña. 

El desarrollo de la batalla de Pozo De Vargas fue adverso para las fuerzas federales de Varela y la historia cuenta que “La Tigra” combatió ferozmente contra las fuerzas unitarias. Además se comenta que la mujer intervino para sacar en ancas de su caballo al caudillo, cuya monta había sido derribada dejándole a merced de sus enemigos.

Dolores Díaz fue una de las que no se rindió fácilmente y luchó hasta el final. Se retiró con Varela hacia el oeste riojano y llegó hasta Jáchal, San Juan, y retornó luego cuando la ciudad había sido tomada por las fuerzas montoneras al mando de Aurelio Salazar, Sebastián Elizondo y Gabriel “Mashorca” Martínez, lo que obligó a Taboada a volver sobre sus pasos para expulsar a los rebeldes, pero “La Tigra” decidió quedarse en la ciudad y soportar a las consecuencias.

Detenida en julio de 1867, comenzó su calvario. Fue trasladada por las fuerzas del Ejército del Norte a una de las prisiones más duras de la argentina, la cárcel del Bracho, Santiago del Estero. La Cárcel albergó a otras cinco mujeres riojanas acusadas de montoneras.

En tiempos de paz,  para s mantener a sus dos hijos, poseía los dones de la tradicional y señera profesión de tejedora, heredada de sus ancestros. Tejía ponchos y mantas, cuando no finas prendas de hilo en el bastidor. Según quienes la conocieron era avezada tejedora.