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Ganadores del concurso de microcuentos “Te cuento la chaya”

La Secretaría de Cultura informa que este martes el jurado anunció su veredicto respecto del concurso de microcuentos, “Te cuento la chaya”, que en su segunda edición, recibió un total de 144 obras.

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La Secretaría de Cultura entregará los premios en un acto a realizarse el próximo jueves 7 de marzo.

El jurado estuvo integrado por Patricia Nasello, Javier Martínez y Cecilia Pagani.

El primer premio fue para la obra “Entierro”, de la autora Paula Salman; mientras que el segundo premio se otorgó a micorrelato “Como la primera chaya”, de la autora Mercedes Coni.

En tanto, el tercer premio fue para la obra “Prisionero”, de Silvina Chacón.

Además las siguientes obras recibieron menciones de parte del jurado:

“Tus ojos negros”, de Fernando Linetzky; “Atrapado”, de Quique Luna; “Una foto”, de  Sara Manghesi “Crimen”, de Silvio Litvin; Sin título, de Gustavo Contreras Bazán “Partidas”, de  Bárbara Dibene; “Misa suspendida”, de Adalbero Afturello; “Héroe”, de Ezequiel Pelliza Goicochea; “Festejo”. De Álvaro Ruiz de Mendarozqueta.

 Para dicha selección se tuvieron en cuenta, los siguientes criterios:

 Que los textos por tratarse de microficciones:

-Cuenten una historia mínima. (No una anécdota, ni un resumen de otra, ni una humorada, ni una expresión de sentimientos, ni una descripción) Es decir una narración con una situación inicial, una media y una final. Que esa historia sea concisa y densa.

-Tracen un conflicto que se plantea y se resuelve brevemente.

-Presenten muy pocos personajes: 1 ó 2. Describan y detallen sólo lo indispensable. Es decir que sean extremadamente precisos.

 

1º PREMIO

Entierro

El viejo murió en febrero. Chayero hasta para morirse. A la vuelta del cajón, sobrevolaban olores a harina mojada y a muerto. Viejo podrido, le susurró mientras veía a la tierra devorarse gustosa el cajón. Enterró ahí las visitas nocturnas, todas las veces que se hizo la dormida mientras él le gemía al oído y le metía los dedos duros de tanta chaya allá abajo, allá hondo… Alzó del suelo un puñado de harina, que le pesó como plomo en la mano y se lo lanzó al cajón. A ver si con eso se le tapa la vergüenza.

Autora: Paula Salman

 

2º PREMIO

Como la primera Chaya

Mirá que encontrarte justo en la pieza de al lado, después de cincuenta años, cuando te vi salir de un nublado de harina.

 Único, imponente, tu mirada me desgarró y sobraron las palabras.

Después, sólo un recuerdo que recordar y olvidar lo recordado.

Me acerco a mirarte - vos no me ves-. La harina se quedó en tu pelo, como aquella noche de la primera Chaya.

Hay ramos de flores, no de albahaca.

Yo estoy velando a mi muerto y vos estás  con tus deudos, también acá, muerto.

Autora: Mercedes Coni

 

3 PREMIO

Prisionero

No sé cómo ni desde cuándo tengo este coyuyo anidando en las sienes. Así la espero, quietito, buscando su verdeolor entre las cumas.

Aparece. El canto me atraviesa los huesos y me sacude bajo su abrazo húmedo. Me besa la boca reseca, el bajo vientre. Le hago un lugar a mi costado acurrucándonos fuera del tiempo. Quiero que el coyuyo nos crepite hasta encendernos el cuerpo. Mis alas la envuelven y me pide que la lleve lejos, que dejemos atrás esa turba danzante que celebra mi ausencia hecha fuego.

Pero no puedo morir. Tengo este coyuyo enterrado en las sienes.

Autora: Silvina Chacón

 

MENCIONES

Tus ojos negros

Vine a buscarte. A mí alrededor todo es blanco: el aire, el cielo, la luz. La multitud salta. Me dejo llevar, sintiéndome parte de algo más grande, menos doloroso. Entonces, en medio del frenesí, aparecés vos. Por inercia sigo saltando, como una pelotita de tenis que se deja caer, hasta que quedo estático frente tuyo. Me mirás con tus enormes ojos negros. Cuando, al fin, estoy por decirlo, aparecen tus amigos y, entre risas y gritos, te llevan del brazo. Estiro mi mano para agarrar la tuya pero sólo consigo tocar la manga de tu remera. Te vuelvo a perder.

Autor: Fernando Linetzky

 

La promesa

Don David no se puede sacar el engrudo de las canas. Se golpea el casquito endurecido cada tanto y una pequeña nube blanca queda flotando en cada cuadra. Hace el camino todos los carnavales cuando se chuma para ver a doña Rocío. Cuando llega se arrodilla, le deja un ramito de albahaca, saca del bolsillo dos puñaditos de harina; uno lo desparrama en la lápida y el otro se lo pasa por la cara, como se lo hacía ella. Al final besa con ternura el nombre en la piedra, se seca la cara, el alma y se va.

Autor: David Guerrero

 

Crimen:

Peor con esa lluviecita de anoche, dijo Rosaura frota que te frota la densa costra, blanca, sucia.
Y hablaron del hedor, y de la pala, y que las viudas, y que hay Chaya para rato, y que harina se tiró siempre, pero no tanta, y cierto es...

Y por fin, Carmencita lo dijo:
¿Sabe doña Rosaura? Se dice que usted no era viuda cuando se vino para el barrio. 
¡Ay Carmencita, me ahoga el silencio...!

Y sí… mi Tonio murió en prisión. 
La desgracia había sido para unos carnavales.
Véngase a tomar unos mates a casa.
Hoy le cuento.

Autor: Silvio Litvin

 

Una foto:

El viento arrastra una foto por la vereda. Hay una casa con una ventana abierta, detrás niños riéndose y una muchacha de espaldas a la calle por la que pasan chayeros cubiertos de harina, con cajas y guitarras. Alguien saca una foto. La muchacha estará de espaldas para siempre, llorando en silencio. Un carnaval de hace un tiempo le robó a su amado, que cantando se fue tras una morena prometiendo volver pero nunca lo hizo. 
Hay olor a albahaca. La casa ya no existe. El viento arrastra una foto por la vereda

Autora: Sara Manghesi

 

 

Atrapado: Un hombre quedó atrapado en el barro, junto a él pasan hombres y mujeres que ni siquiera lo miran, la lluvia cae torrencialmente, pero a nadie le importa. Esta noche un hombre quedó atrapado bajo litros de vino, el mismo hombre que tiene la cara enharinada y albahaca en la oreja. Un hombre quedó atrapado en un viejo ritual, en los tibios labios de una mujer, pico chayero lo llaman. Esta noche un hombre quedó atrapado bajo el hechizo del carnaval.

Autor: Quique Luna
 

 

Héroe: Fruto del buen beber, Leonardo nunca pasaba desapercibido en las celebraciones.
Fue el centro de atención en la boda de su hermana, y en cada primero de enero sólo perdía con los fuegos artificiales y los confites.
Cuando llegó febrero todos esperaban sus payasadas. Pero Leonardo se sentó en el medio de la multitud chayera y, cruzado de piernas, se quedó mirando fijo al cielo.
Quisieron sacarlo a bailar, y él respondió que si se distraía iba a llover fuerte y la fiesta duraría menos.
Todos, con sus expectativas agotadas, se aburrieron.
Él, en cambio, se sintió un héroe.

Autor: Ezequiel Pelliza Goicochea

 

 

Misa suspendida

El hombre volvía cansado y sucio de harina. La ramita de albahaca en la oreja y oliendo a vino. Se escondió tras un auto esperando que pasen cuatro viejas santurronas que volvían de la iglesia. Escucho que se quejaban porque hoy domingo no habría misa de las nueve. Dios las perdone pensó, deben tener demasiado pecado en la conciencia o estar muy al pedo para ir tan temprano a rezar. Entro por la puerta lateral, se ducho y ya vestido rezo pidiendo perdón por si había pecado sin querer. El curita no era inmune a la chaya.

Autor: Adalberto Turello

 

Festejo

Esperó sabiendo que lo encontraría casi sin buscarlo. Viajó con tiempo y se alojó en una casa de familia usando un nombre falso.

Fue a la plaza y a las calles aledañas desde temprano; también la última noche, la de más jolgorio. Se sorprendió al verlo por lo acertado de su pronóstico; allí estaba: emperifollado en exceso.

En medio de la algarabía de la chaya se mezcló dentro de los combates de agua y harina. Entre finta y finta lo tuvo al lado. Hundió el cuchillo hasta sentir el borbotón. Pareció un tropiezo.

Lejos, pidió una empanada. Con tinto, aclaró.

Autor: Alvaro Ruiz de Mendarozqueta

 

 

Partidas

Se desploma en el asiento y cierra los ojos. Afuera, en la plataforma, una mujer con su misma boca la saluda con la mano, temblorosa, y se va.

Entonces deja de aguantar las lágrimas.

Antes las evitó para no contagiar tristeza. Pero ahora juega con los grumos de harina entre las uñas y el resabio a uva en su garganta se transforma en sal. La abruman el eco de los tambores, los cantos y los reclamos.

Los acepta a todos.

Pronto será nuevamente una extraña con recuerdos a cuestas. Llamados distantes y la promesa de un febrero volver.

Autor: BÁRBARA DIBENE

 

 

Sin título

Corrió toda la siesta, tratando de alcanzarla. No eran suficientes los baldazos de agua y los gritos de su hermana que le indicaban por donde se escondía. Él lo mismo podía presentirla, corría y trataba de alcanzarla. Se sacudía como podía la harina de su cara y trataba de enfocarse en esas trenzas renegridas que tanto soñaba. Casi como un milagro la tarde se detuvo entre las sombras. Y ellos se encontraron bajo el perfume del jazmín que se mezclaba con la albahaca. Gritó lo más fuerte que pudo. Y no pudo decir basta.

Autor Gustavo Contreras Bazán