Agosto, el mes de celebrar la unidad con la tierra

El primer día de agosto se inició la celebración en honor a la Pachamama, la Madre Tierra, y durante todo el mes se realizan actividades en su honor y el inicio del ciclo agrario sembrando lo que se cosechará para alimento, bebida y vestimenta de la comunidad.

La fiesta de la Pachamama integra nuestro Patrimonio Intangible y se celebra principalmente en el noroeste argentino, donde aún no solo se mantiene la fiesta, sino la relación entre las personas y su entorno natural.

La ritualidad del 1 de agosto es la trama de la identidad andina, realizando corpachadas y encuentros abiertos a la comunidad, en un barrio o una casa particular. La ceremonia es el sagrado momento de dialogo entre la Madre Tierra y sus hijos. Azuzada por la actividad turística, la ceremonia ancestral se fue socializando, compartiendo y también transformando, sin perder la esencia del dar gracias.

 

Pero, ¿qué es la Pachamama? En La Rioja, ¿la celebramos como lo hacen otros pueblos andinos?

Ya se sabe que la Pachamama es la Madre Tierra, que es una deidad de la cosmovisión andina, su forma de entender la naturaleza y el universo que rodeaba a los habitantes que escoltaban Los Andes.

Nuestros pueblos originarios agradecían lo que ella les ofrecía desde las múltiples formas en las que se manifestaba a sus ojos.

En el libro de Teresita Flores, “La Rioja Mágica y Misteriosa. Mitos, leyendas y creencias populares”, se describe las siguientes características de la Pachamama

  • Que fue esposa del gran héroe cultural Pacha Camac
  • Que no es una sola personificación sino varias, como por ejemplo los pequeños duendes que habitan en las serranías y en los terrenos con sembradíos.
  • Que es andrógina (tiene los dos sexos) y puede aparecer como el Llajtay, el dios de las majadas cerriles.
  • Otra versión sostiene que es hija de Pacha Camac que la fecunda por medio de la lluvia. Que su poder incluye también el tiempo, es decir, el tramo de la vida física de los hombres en el espacio tierra.

Sin embargo, y a pesar de las diversas explicaciones de quién es ella, lo cierto es que es una entidad protectora de quienes la habitan: montañas, ríos, árboles, animales y personas; y que agradecerle a ella es una forma de mantener en funcionamiento el ciclo natural que nos rodea.

Para saber más sobre esta tradición de nuestros ancestros dialogamos con referentes de comunidades originarias y celebradores de la Pachamama.

En nuestra provincia existe la Comunidad Indígena de Guandacol (Co.In.Gua.) del departamento Gral. Felipe Varela, cuya referente principal es la señora Ada “Kicha” Campillay y también la Comunidad Originarios Kakán Diaguitas “Los Chumbichas” en Capital. Dialogamos con ambos sobre la pertenencia a poblaciones originarias de la provincia y la celebración de la Pachamama.

Ambos referentes destacan la dureza que ha tenido la historia y la sociedad respecto a sus orígenes; la burla y la negación de su identidad ancestral llevó a que la mayoría negara públicamente sus raíces y se alejaran y dispersaran con sus ritos, nombres y palabras.

En cuanto a la celebración, doña “Kicha”, afincada en Chilecito, nos contó que la realiza en su casa, en un rincón cerca de un árbol alimenta y agradece a la Madre Tierra y nos cuenta que durante mucho tiempo: “La Pachamama no la hemos sabido festejar antes ni ofrendar, los ancianos la fuimos recuperando cuando nos organizamos como comunidad”.

“Kicha” nos cuenta que para hacerle la ofrenda a la tierra hay que hacer la oración a ella, a los cuatro puntos cardinales, dando gracias, girando hacia la izquierda en sentido de nuestro corazón y levantando un cuenco con los productos que nosotros cosechamos o los que consumimos y luego enterrarlos. También echamos flores para nuestros antepasados. Nosotros de rodillas, en el suelo, y en el hueco, vamos poniendo y vamos ofreciendo para cada uno. Y darle de beber también, levantar la botella hacia el cielo, ofrecerle al Padre Sol bajar, tomar un trago, volcar en la boca de ella y luego tapar la botella y ponerla el pico para abajo dentro de la tierra”.

“Previo a ese entierro hacemos una fogata y sahumamos para que los espíritus malos se vayan y golpeamos las manos, y palos, y con el ruido invocamos a que vengan los espíritus buenos. También  con el humo hacemos eso, armamos una escobita con jarilla, retamo, tusca, todo lo que haya alrededor nuestro. Y elevamos al cielo esa escobita”, nos detallaba la cacique de COINGUA.

Con la llegada de la nueva época para la siembra y el despertar de la tierra y el fluir de la savia, la Pachamama recibe los agradecimientos de sus hijos durante todo el mes, Roberto Chumbita, cacique de la Comunidad Originarios Kakán Diaguita “Los Chumbichas”, nos explica qué sucede cuando se termina con la ofrenda del 1 de agosto: “una vez que se terminan las ofrendas, el último día de agosto tapamos la boca de la Pachamama, levantamos una apacheta con diferentes piedras, de manera simbólica ponemos piedras que tienen vida, alma y corazón. Todo lo que nos rodea para nosotros tiene vida y le tenemos respeto. Y así se mantiene hasta la próxima ceremonia. Tratamos que siempre sea la misma boca, y que esté un algarrobo al lado, nuestro árbol sagrado, ‘el sabedor de nuestros saberes’, por eso ese respeto que tenemos”.

En los últimos tiempos, se puede ver en estas ceremonias que participan personas que no tienen origen de comunidades indígenas. Sobre esto Chumbita dijo que: “la ceremonia es una convicción íntima y profunda con la naturaleza, con las fuerzas que nos rodean. Hay que sentirla, pero son muy pocos los que se reconocen como originarios; nosotros estamos empeñados en mostrar nuestra sabiduría ancestral. Una de las acciones que tenemos de poder contar y exponer la ceremonia, es en las escuelas”.

Recuerda Chumbita que la celebración a la Pacha, “es un día en el  que mostramos respeto a algo superlativo como es la tierra, que nos cobija en su guata, que es la vida, es el territorio; es parte del buen vivir, como le decimos nosotros porque de ella obtenemos la medicina y el alimento para subsistir. Y respetamos el ciclo que comienza con la savia que fluye, es el momento de la siembra, por eso es tan importante y espiritual para nosotros, porque es la vida”.

 

La Pachamama reflejada en el arte

En el marco del mes de la Pachamama, la Secretaría de Culturas junto a la Subsecretaría de Patrimonio Cultural y Museos, invitan a visitar las muestras relacionadas a la cosmovisión andina en el  Museo Folklórico (Pelagio B. Luna y Catamarca)  de la ciudad capital.

En exposición hay tres muestras plásticas, “Divinidades Diaguitas”, obras de Luis Blanchard, “Mito América”, de Pedro Molina;  y la muestra permanente en la sala Mitología, del artesano y ceramista Marino Córdoba, titulada “Cosmovisión Andina y la Salamanca”.

La Sala Mitología, mejor conocida como sala de las Divinidades Diaguitas, representa la cosmovisión andina. En ella se exhiben pequeñas esculturas en arcilla creadas por el reconocido escultor riojano Marino Córdoba en los años ‘70. Artista que basó su inspiración en la leyenda de la Salamanca, en los relatos de sus antepasados, y principalmente en la obra de Juan Zacarías Agüero Vera.

“Mitoamérica”, de Pedro Molina, artista grabador riojano, refleja en esta muestra “un sincretismo reivindicatorio y mágico, [donde] coexisten en su imaginario las ancestrales deidades precolombinas junto a la sombra ominosa de los conquistadores”, de esta manera Alberto Petrina, miembro de la Comisión Nacional de Monumentos, piensa sobre esta obra y agrega: “Su imaginería de poderosa raigambre americana lo ubica, por añadidura, en una perspectiva de alcance continental, a la que accede como privilegiado intérprete de la milenaria cosmovisión andina. Traductor de misterios y rituales aún latentes, en su obra vuelven a encenderse los rasgos de las antiguas culturas prehispánicas, que sostienen su pervivencia a través del filtro obligado del mestizaje”.

“Divinidades Diaguitas”, obras de Luis Blanchard, inspiradas también en la obra de Juan Zacarías Agüero Vera, refleja a los “Dioses humildes, dioses populares, penates de las tribus conquistadas por los hijos del Sol, en más remotas épocas (…) Dioses demóticos de las tribus remotas, asilados en las breñas o en la umbría de sus bosques (…) ¡Tan desamparados, tan ajenos al oro y a la plata, tan sin malicia aparecían, que nadie paró mientes en ellos! Y gracias al desprecio olímpico de las águilas, de los Carlos y de los Fernandos, siguió cantando hasta nuestros días, saudades y esperanzas, el pájaro de la tradición mítica de los diaguitas” de los que se describen en la obra literaria.

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