Entender el arte como forma de tejer lazos sociales: Ramona, espacio de Arte

El Gobierno de La Rioja, a través de la Secretaría de Culturas, desarrolla cada año, desde la Dirección de Artes Visuales, el Salón Provincial de Artes Visuales. una iniciativa que busca promover proyectos artísticos comunitarios que se desarrollan en la provincia, en un contexto territorial específico, y que vinculen a las artes visuales como espacios de innovación y de transformación social.

El fin de semana pasado, el proyecto ganador del premio especial del Salón, el espacio de comunicación y reflexión artística “Ramona en el espacio”, realizó su cierre con la muestra de trabajos e intervenciones artísticas llevadas a cabo con la comunidad de la zona del barrio Los Obreros.

Este espacio fue creado por Ruth Millicay y Diego Sarmiento, con quienes nos comunicamos desde la Secretaría de Culturas para profundizar en el proyecto, como así también con Luciana Gómez, directora de Artes Visuales de la Secretaría, para darnos su visión sobre “Ramona en el espacio”.

El Salón Provincial de Artes Visuales “Territorios” se trató de una convocatoria realizada durante el año pasado por la Secretaría de Culturas de la provincia, es una iniciativa que busca promover proyectos artísticos comunitarios que se desarrollen en la provincia, en un contexto territorial específico, y que vinculen a las artes visuales como espacios de innovación y de transformación social.

Luciana comentó que “luego de la evaluación, por parte del jurado, de todos los proyectos presentados en la convocatoria, ‘Ramona en el espacio’ fue uno de los más relacionados con la comunidad, estuvo muy bien diseñado. Esta fue la primera vez que se realizó un Salón con estas características, fue como tener en cuenta las necesidades que surgían en la comunidad artística, a raíz de la pandemia, y poner la mirada en el territorio”. 

“Ramona en el espacio” es un “espacio de resistencia” independiente y autogestionado, donde prima lo lúdico, donde las personas se reencuentran en el barrio; donde los talleres, al durar un tiempo prolongado, se convierten en un lugar donde las y los asistentes son participantes activos y no meros espectadores, permitiendo y fomentando un ámbito de sociabilidad, un espacio de transmisión de saberes y de creación.

Cómo nace “Ramona en el espacio”

El proyecto es algo que Diego venía pensando. Tenía la idea de hacer un centro cultural en su casa” destacó Ruth, afirmando que, a partir de esa idea y la complementación de ambos, se logró concretar la idea. “Ramona” fue el nombre elegido para este proyecto “ese es el nombre de la abuela de Diego, una mujer solidaria y que constantemente estaba ayudando a las personas del barrio. Como la idea del espacio era compartir, creo que la mejor idea fue ponerle el nombre de ella”, explicó Millicay.

“Mi abuela era una persona muy solidaria y atenta para con los demás”, contó Diego, “yo siempre tuve la idea de tener un centro cultural a partir de mi propia experiencia: durante la escuela nunca visité un museo, nunca nos llevaron a una muestra. La idea del nombre tiene como dos patas: el nombre de mi abuela y la necesidad de generar espacios donde haya exhibiciones artísticas y visitas a espacios culturales, y ‘en el espacio’ hacer referencia a algo abierto, al cielo, como así también, a un espacio físico, lo rico del nombre viene de jugar con eso”.

“Ramona en el espacio” en el territorio

Este proyecto viene trabajando con la comunidad desde el mes de junio y tiene el objetivo de construir, junto al colectivo barrial, un espacio de arte tomando como eje central la integración de la actividad artística con los intereses del barrio, promoviendo el vínculo entre las y los participantes; generando así, un espacio de comunicación y reflexión entre la comunidad barrial y la escena artística riojana.

El espacio tiene lugar en el merendero del barrio Los Obreros, no existe un espacio artístico/cultural en las proximidades, además de que tanto Ruth como Diego creen necesaria la creación de espacios donde la comunidad pueda ser escuchada, pueda expresarse y crear en pro de un objetivo.

La primera parte de las actividades del espacio están dirigidas a niños, niñas y adolescentes y se trabaja contemplando el contexto que las y los enmarcan, “creemos importante trabajar en territorio, con la gente, compartir lo que nos sucede con el otro y la otra, por lo que no vamos con un formato rígido, sino que todo va surgiendo tras la misma vivencia y experiencia que se vuelve para todos y todas, pudiendo ver al arte como parte de la vida en la comunidad” afirmó Ruth.

“El objetivo de este proyecto es llegar al territorio, muchas veces el circuito artístico es muy cerrado”, explicó Sarmiento, “nuestra idea es llevar el arte, pero no el arte clásico, sino salir de esa estructura, hacerlo más con los sentimientos y las emociones”. Contó que ellos no se abocan a enseñar a dibujar, pintar o esculpir, sino más bien a trabajar con lo propio que está sucediendo en el entorno, “estamos en un lugar donde hay tanta vulnerabilidad social que esto que hacemos es un compromiso social, donde llevamos esparcimiento por lo menos una hora y media por encuentro, pero siempre con un punto de vista artístico y amplio”, afirmó.

La directora de Artes Visuales expresó que este proyecto tiene un importante valor porque “tiene incidencia directamente en una comunidad específica, y en el trabajo desarrollado tomaron contacto directo con chicos y chicas de la comunidad, entonces sucede lo que pasa con el arte, que es transformador, logrando un espacio de integración emocional y socio-cultural que es fundamental para el desarrollo de cualquier persona”.

Cómo trabajó “Ramona en el espacio”

Las actividades del taller promueven el trabajo cooperativo, el sentido de pertenencia sobre el lugar y el equipo. Las ideas sobre la temática a trabajar en cada taller nacen de sus intereses e imaginarios de la comunidad. Ramona se convierte en un espacio de trabajo donde se fomenta el diálogo, se consensuan sentidos y significaciones simbólicas.

Nos propusimos no ir con los típicos talleres donde ellos ‘succionen’ lo que llevamos, sino que realizamos diagnósticos para sacar los temas a trabajar. Todo fue naciendo desde la misma experiencia, de lo que querían los chicos y chicas, y del compartir” expresó Millicay, “eso nos hizo aprender muchísimo de diferentes problemáticas, entendiendo que el arte no se desliga de nosotros porque al producir hablamos de nosotros”.

Acerca de la participación, Diego explicó que la franja etaria para participar no es cerrada, hubo niños y niñas desde los 4 años, hasta los 15 aproximadamente, por esa razón, las actividades que preparaban eran muy amplias, con una apertura y un cierre en cada encuentro.

En total fueron 10 encuentros, más la exposición final. Ruth y Diego buscaban trabajar el arte de manera más vivencial, desde los sentidos, y con lo que “había a mano, como la yerba y el agua”, también para lograr más proximidad. Por ejemplo, en el primer encuentro abordaron el sentido del olfato, reconociendo aromas de plantas aromáticas que se encontraban en el lugar, “la intención de esto era saber qué vivenciaban con estos aromas, a dónde los llevaban, qué les recordaba y generaba, eso nos interesaba saber, qué recuerdos, qué anécdotas, desde la superficialidad, pudieran ellos y ellas expresar”, sostuvo Diego.

Los encuentros repetían esta modalidad, lo cercano como objeto de arte, trabajando el color con las flores silvestres, recolectando hojas para utilizarlas como una especie de sellos para estampar arcilla, “es sacar lo que hay alrededor y tratar de explotarlo artísticamente, lo que está a mano puede ser útil y puede ser arte”, dijo con seguridad Sarmiento.

Espacios 

Ruth destacó la importancia de instancias como el Salón Provincial de Artes Visuales como impulsora de proyectos e ideas, “me parece importante estas convocatorias porque es algo que hemos soñado, pensado y visualizado en base a la mezcla del arte con el territorio y la comunidad, y terminó dando cosas muy fructíferas con las chicas y chicos; vimos cómo se trataban y respetaban y ese es el fin de todo esto, generar competencias genéricas que son más bien actitudinales y permanecen en su vida”.

Diego comentó que con este proyecto tenían una necesidad de mostrar que con lo cotidiano también “podemos generar espacios de debate artísticos que ronde lo social, lo comunitario y demás cuestiones. No solo vamos a dejar algo, es una retroalimentación constante, ir al territorio es lo más importante y rico que puede suceder”.

Por su parte, Gómez comentó que estos espacios de arte independiente “son fundamentales porque son parte de la escena cultural y artística, y sin estos eslabones la escena queda incompleta. La comunidad necesita que estos espacios existan porque la mirada que se tiene sobre la comunidad es distinta y acciona de una manera diferente en ella”.

 

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